En este profundo momento histórico, la congregación vive un contraste entre el dolor y la alegría: recientemente han llorado la pérdida de su Madre Superiora tras 27 años de servicio, pero al mismo tiempo celebran la aprobación pontificia de sus Constituciones. Mientras tanto, el fundador se encuentra gravemente enfermo, plenamente consciente de que se acerca al final de su viaje terrenal.
2 de agosto de 1879
¡En los Corazones de Jesús y de María las bendigo una y otra vez, mis queridísimas hijas! A pesar de la larga enfermedad que el Señor ha tenido a bien enviarme, nunca he dejado de pensar en ustedes y en el bienestar de su querida Congregación. Todos los días la encomiendo a Dios en mis oraciones y comuniones.
Anhelaba dar los últimos toques a la obra tan importante de sus Constituciones, introduciendo en ellas todas las observaciones y modificaciones exigidas por la Santa Sede al otorgar la aprobación definitiva a nuestro amado Instituto, el 18 de diciembre de 1877. Este largo trabajo ha concluido y, por fin, puedo anunciarles la última edición de sus Constituciones; todas recibirán un ejemplar durante el retiro anual.
Si aman a su Fundador, como estoy seguro de que lo hacen, y si desean ser mi alegría y mi consuelo, tal como me lo han expresado en sus cartas, demuestren su amor mediante la fiel observancia de estas Constituciones. Ese es el único agradecimiento que pido a cada una de ustedes en retribución a ese interés paternal que les profeso, el cual no ha hecho más que crecer con el paso del tiempo.
Mediante el cumplimiento perfecto de sus deberes, atraerán sobre su Congregación la bendición de Dios y la fortalecerán cada vez más, al atraer hacia ella, a través de su vida santa y edificante, a muchas novicias fervorosas.
No puedo terminar mi Circular sin agradecerles de todo corazón, mis muy queridos hijos, por todas las buenas oraciones que han seguido ofreciendo por mi recuperación. Dios sabe que pido esta gracia únicamente para emplear el resto de mis días a su servicio y para fortalecer la Congregación que he fundado para su mayor gloria y la salvación de las almas.
Tengo gran confianza en sus buenas disposiciones, mis queridos hijos, y los bendigo de todo corazón en los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
J.B.D.