Fue un evento marcado por la misa jubilar, la renovación de votos de varias hermanas y una profunda comunión internacional, bajo la mirada cercana de dos obispos.
Fue una doble alegría la que iluminó la capilla de Froyennes. El 24 de junio es una fecha muy significativa para la congregación de la Santa Unión: celebra la fiesta de San Juan Bautista —patrono del fundador, el Padre Jean-Baptiste Debrabant— y es también el día en que tradicionalmente las hermanas renuevan su sí al Señor. Este año, la celebración tuvo un carácter histórico al conmemorar los 200 años de su fundación.
Mons. Frédéric Rossignol: «200 años de adaptación a las necesidades de la sociedad»

Un hecho destacado y poco común fue que la celebración estuvo presidida por dos obispos: Mons. Vincent Dollmann, arzobispo de Cambrai —diócesis históricamente vinculada a la congregación— y Mons. Frédéric Rossignol, obispo de Tournai desde el pasado diciembre.
En sus cálidas palabras de bienvenida, Mons. Rossignol destacó la gran continuidad de la obra del Padre Debrabant:
«Doscientos años de fidelidad son también doscientos años de evolución. Como en todas las congregaciones, el carisma original se adapta a las necesidades de la sociedad. En sus inicios, el Padre Jean-Baptiste se orientó principalmente hacia los niños pobres y las mujeres en situación de vulnerabilidad».
El obispo de Tournai estableció un paralelismo directo con la realidad actual, recordando que en Francia y Bélgica casi el 25 % de los hogares son monoparentales, encabezados en un 80 % por mujeres solas. Al reconocer la vocación de servicio de las hermanas —especialmente junto a los cincuenta residentes de la casa de Froyennes—, se dirigió también en inglés a las hermanas llegadas de distintos países para felicitar la renovación de sus votos:
«Esta renovación muestra, ante todo, la fidelidad del Señor con ustedes. Significa que están felices con su vocación, que reconocen el valor de su carisma y que se comprometen a continuar con su misión».
La homilía de Mons. Vincent Dollmann: La belleza de la consagración y la lógica de la misericordia

En una homilía profunda y de gran actualidad, Mons. Vincent Dollmann reflexionó sobre la figura de San Juan Bautista, uno de los pocos santos de quien la Iglesia celebra el nacimiento terrenal, junto con la Virgen María y Cristo. Juan Bautista, recordó el arzobispo, encarna «la belleza de pertenecer a Dios».
Frente a una sociedad moderna que a menudo se queda en miradas puramente horizontales, técnicas e inmediatas, Mons. Dollmann ofreció una mirada crítica sobre los debates sociales actuales, en particular sobre el tema de la eutanasia en Francia:
«Es un camino equivocado para la sociedad, porque encerraría la vida humana en una dimensión puramente terrenal, reduciendo a la persona a un simple tramo de existencia donde otros decidirían si vale la pena vivirla o no. Por el contrario, la fiesta de hoy nos invita a alegrarnos por el don de la vida y por la mirada que Dios tiene sobre cada uno de nosotros».
Al recordar el camino de Juan Bautista, el arzobispo de Cambrai invitó a la asamblea a una «doble conversión». Incluso en la vida consagrada o en el servicio del Evangelio, existe la tentación de apoyarse únicamente en la eficacia de las estructuras o en las propias fuerzas. «Juan Bautista, desde la prisión, tuvo que aprender que Cristo no venía a cambiar el mundo con un acto espectacular, sino a través de la misericordia divina, acercándose a los más pobres», explicó.
Para concluir, expresó su deseo de que la vida consagrada de las hermanas de la Santa Unión siga uniendo corazones:
«Que el carisma de Debrabant siga iluminando a quienes más necesitan luz y esperanza, especialmente a los más humildes, porque ellos aún conservan la capacidad de asombrarse».
(Leer la homilía completa de Mons. Dollman)
Hna. Caroline, Superiora General: «Una cadena viva de fidelidad»

Al tomar la palabra al final de la celebración, la Hermana Caroline, Superiora General de la congregación, expresó su profunda gratitud por este momento de unidad eclesial, bajo el lema: «Del corazón de Douai al corazón del mundo».
Saludó con mucho cariño a las delegaciones internacionales llegadas de Argentina, Inglaterra, Irlanda, Tanzania y Estados Unidos, uniéndose en oración con las hermanas de Camerún que no pudieron viajar.
«Su sí de hoy forma parte de una cadena viva de fidelidad que se remonta a nuestra fundación. Es a la vez un regalo y un testimonio de que el Espíritu sigue actuando entre nosotras», declaró dirigiéndose a las hermanas que renovaron sus votos.
La Hermana Caroline rindió un emotivo homenaje a las hermanas de la zona Franco-Belga: «Aunque hoy sean menos en número, su testimonio habla fuerte. Son un testimonio vivo, sereno pero profundo, de perseverancia y esperanza. El alcance de su presencia no se puede medir solo con números».
Agradeció también a los miembros de la Fraternidad San Juan Bautista, a quienes definió como los «estandartes» del legado de la congregación, así como al personal administrativo y de salud de la ASBL Sainte-Union por su entrega diaria en el cuidado de las hermanas mayores.