22 de julio de 1875
«Alabados sean por siempre los Sagrados Corazones de Jesús y de María, mis queridas hermanas, por los buenos deseos que me enviaron en Año Nuevo, y nuevamente en la fiesta de San Juan Bautista.
Les agradezco también de manera muy especial por las oraciones que los alumnos han ofrecido para obtener mi curación, a través de la intercesión de Nuestra Señora de Lourdes. ¡Que Dios se los recompense al céntuplo!
Por mi parte, solo quiero lo que Dios quiere. Un hombre muy anciano, como yo, tiene una sola tarea principal: prepararse para la eternidad. Es verdad que esta debería ser la preocupación de todos a lo largo de la vida.
Por lo tanto, también es la suya: el motivo que guíe cada uno de sus pensamientos, palabras, acciones, ejercicios espirituales y todo lo que respecta a su labor con los niños confiados a su cuidado.
Mediten en este pensamiento durante el Retiro, y háganlo como si estuvieran a punto de ser llamadas de regreso a Dios ».
Por mi parte, solo quiero lo que Dios quiere. Un hombre muy anciano, como yo, tiene una sola tarea principal: prepararse para la eternidad. Es verdad que esta debería ser la preocupación de todos a lo largo de la vida.