
El 17 de julio de 2026, nosotras, las Hermanas de la Santa Unión de los Sagrados Corazones, recibimos con inmensa alegría la noticia de que la Hna. Joan Mary Kiveyonge fue distinguida con el título tradicional «Yaa Wo lav nyuy», que significa «Reina Madre de la casa de Dios». La distinción le fue otorgada por el Paramount Fon (Rey) de Nso durante su visita al Palacio en una misión oficial de la Congregación.
Este reconocimiento llegó como un regalo especial por el Bicentenario y fue un hermoso gesto de gratitud hacia la Hna. Joan Mary por su presencia, su entrega y la cercanía con su comunidad. Lo que vuelve particular y profundo este gesto es que tuvo lugar en su propio entorno cultural y tradicional, reafirmando el valor de sus raíces y su sentido de pertenencia.
El título «Yaa Wo lav nyuy» encierra un significado enorme. No es un mero homenaje o un cargo honorífico de prestigio; es la valoración del servicio, la presencia, la responsabilidad y la estima de la que goza una persona dentro del pueblo. Al llamarla «Madre de la casa de Dios (la Iglesia)», hay un reconocimiento implícito hacia alguien a quien se la ve como una presencia que cuida, acompaña, sirve y aporta al bienestar de los demás.
Para nosotras, como Hermanas de la Santa Unión, este momento nos invita a reflexionar con mayor profundidad sobre la importancia de estar firmemente arraigadas en nuestra identidad cultural. La vocación religiosa no nos aísla de nuestros orígenes. Al contrario: nuestras raíces, culturas, tradiciones y vivencias enriquecen el camino de nuestra vocación y misión. Estamos llamadas a asumir con amor lo que somos, de dónde venimos y el pueblo al que pertenecemos, dejando que esa identidad fortalezca nuestro servicio a Dios y a los demás.
El reconocimiento a la Hna. Joan Mary nos recuerda que nuestra presencia en la Iglesia y en la sociedad da frutos auténticos cuando se mantiene fiel a sus raíces. Por eso, este gesto trasciende lo personal; es también una valoración del aporte de la mujer consagrada y, de manera especial, de la vida y misión de las Hermanas de la Santa Unión.
Nos alegramos de corazón junto a la Hna. Joan Mary y le damos gracias a Dios por este hermoso momento de gracia. En el marco de nuestro Bicentenario, leemos en esta distinción un signo más de la bondad y la bendición de Dios sobre nuestra Congregación.
Que el título «Yaa Wo lav nyuy – Madre de la Iglesia» mantenga viva en la Hna. Joan Mary la llamada a servir con corazón maternal, y que a todas nos recuerde que las propias raíces no son algo de lo que haya que distanciarse. Son parte fundamental de la historia que Dios sigue escribiendo a través de cada una.